“Gasolineros” en ascuas frente al bolívar Soberano y la inminencia de un aumento

A menos de un mes de la entrada en vigencia del bolívar “Soberano”, que le quitará tres ceros al signo monetario nacional, los expendedores de gasolina no tienen ni la menor idea de cómo harán para cobrar y dar el vuelto a sus clientes, si el precio del carburante no sube a un monto que sea pagable con las nuevas monedas y billetes previstas a circular a partir del 4 de junio.

Cuando el Gobierno anunció que la denominación más baja que habrá en el país a partir del próximo mes será de 0,50 bolívares Soberanos, las interrogantes se apoderaron de los empresarios gasolineros, ya que con la nueva reconversión monetaria el desfasado precio del litro de gasolina pasa a ser de Bs. 0,001 (la de 91 octanos) y 0,006 (la de 95).

Mientras el tiempo avanza hacia la fecha límite, el hermetismo en torno al tema solo incrementa las angustias. Trabajadores y propietarios de las estaciones de servicio en la región han elevado sus inquietudes hacia la Asociación de Expendedores de Gasolina del estado Zulia (ADEGAZ), pero aseguran en el gremio tampoco saben cómo se manejará la situación.

El temor es elocuente

TuReporte intentó comunicarse con Edilio Medina, presidente de ADEGAZ, para conocer si PDVSA o el Ministerio de Energía y Petróleo les han bajado alguna directriz, pero tras numerosas evasivas el representante gremial solo se limitó a señalar que “por el momento no puede atender” las solicitudes de información, evidenciando de esa forma el miedo que existe a divulgar algún dato que pueda incomodar o contradecir el discurso oficial.

Quienes sí están dispuestos a hablar, pero no a identificarse, son los trabajadores de las llamadas bombas, ya que temen que tanto la reconversión como un incremento de la gasolina los deje sin los ingresos que representan las propinas de los usuarios que no esperan el cambio tras llenar el tanque.

“Cuando se dio el último aumento (en febrero de 2016), lo primero que se notó es que la gente dejó de dar propina. Eso afectó bastante porque los sueldos son bajos y aun así, lo que le entra a la bomba no alcanza ni para pagarnos”, comentó a este medio el empleado de una estación de servicio al norte de Maracaibo.

El desfase en el precio del carburante es tan agudo que mientras una cisterna de agua corriente para uso doméstico se cotiza en 4.000.000 de bolívares Fuertes, una de gasolina (de aproximadamente 25.000 litros) no supera los Bs. 50.000.

Dependiendo de la cantidad y octanaje que reciban, una estación de servicio factura en promedio unos 2.000.000 de bolívares mensuales por venta de combustible, por lo cual el Estado ha tenido que reactivar la práctica de suplementar el ingreso de las concesionarias con una asignación para cubrir los salarios de los trabajadores.

Los constantes retrasos en la liquidación de esta “ayuda” aumentan las cargas para los comerciantes del ramo y dan pie a la aparición de malas prácticas entre los empleados que se convierten en presa fácil de los llamados “bachaqueros”.

Gasolina para un incendio

Para el economista y profesor universitario, Luis Crespo, el problema de fondo es que no existe una verdadera política económica por parte del Estado que permita afrontar el proceso hiperinflacionario que agobia a los venezolanos.

El analista explica que al ser inviable la comercialización de gasolina, bajo los precios vigentes y los parámetros que imponen la reconversión y el nuevo cono monetario, necesariamente el Gobierno tendrá que re-expresar los precios del carburante en las dos denominaciones más bajas que serían las de 0,50 y 1 bolívar Soberano.

Un ajuste de tal calibre representa un salto de 49.900% que impactaría a toda la cadena de costos relacionados con el combustible, como son el transporte y la distribución de alimentos y bienes, incrementando los precios y el costo de la vida.

Aunque Crespo reconoce la necesidad un ajuste de la gasolina, advierte que ello aceleraría la dinámica hiperinflacionaria, la cual que en lo que va de año ya ha acumulado más de 897%, según cifras recientes de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional.

Sin respuestas fáciles

Una alternativa para manejar el dilema de la comercialización del combustible sin tener que hacer un incremento desproporcionado sería un mecanismo de prepago.

“Si existiera una especie de tarjeta o instrumento que diera a los consumidores derecho a una determinada cantidad de tanques de combustible al mes o la semana y que se pudiera prepagar, tal vez sería una posibilidad”, considera el economista.

Cabe destacar que la implantación de dicho esquema sería un remedio con efectos secundarios ya que supondría una serie de nuevas complicaciones que afectarían directamente la administración y aumentaría la dependencia de las estaciones de servicio con el Gobierno.

En definitiva, no hay respuestas sencillas para un problema que históricamente ha demostrado ser de gran volatilidad, lo cual explica porque el Gobierno prefiere hacer mutis ante un problema que se le viene encima, en tiempos donde lo último que necesita es empeorar el descontento popular.

 

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Archivo

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