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Franco, el «puesto callejero» que hace temblar a las franquicias, ahora las retará en su propio terreno

Si nos tocara representar en una hamburguesa lo que somos como pueblo, sin duda el resultado se parecería mucho a lo que desde hace 32 años ha convertido el estacionamiento de la calle Cecilio Acosta con la Av. 9 en un lugar de peregrinación y encuentro para noctámbulos de todo el Zulia.

Carne o pollo, pan extra-whopper, papitas, repollo, salsa tártara, jamón ahumado, queso amarillo, tocineta, queso de mano y más salsa tártara dan vida a “la Franco”, una hamburguesa tan masiva y abundante que requiere ser comprimida y cortada a la mitad para poderla comer, y aun así, te dan un tenedor plástico para rematar todo lo que seguramente se te caerá al plato.

El rey de la calle

Gracias a una incesante línea de producción que involucra diariamente entre 35 y 40 personas, en una noche movida de fin de semana, Franco Comida Rápida, despacha entre chistes y sonrisas más de mil de estas suculentas creaciones que hacen temblar a la mejor posicionada de las franquicias nacionales o extranjeras.

El éxito de este “puesto callejero” ha sido tal, que desde hace dos años la familia Azzollini inició el proceso para llevar el nombre y la calidad de Franco a otras latitudes de la región, el país y tal vez el exterior.

Liliana Robaina, viuda de Azzollini, cuenta a Tu Reporte que todo comenzó en 1985, cuando su esposo Franco, con tan solo 18 años de edad, logró reunir el capital necesario para comprar su primer tráiler de perros calientes, trabajando como personal de mantenimiento en un hotel de la ciudad. “En ese momento él fue pionero. Era el primer puesto de perros calientes que se colocaba en Maracaibo y ahí comenzó a trabajar con toda su familia”.

“Al principio Carlos, el fundador de ‘El propio Carlos’, arrancó con él y después montó su propio puesto en el frente. Desde el inicio le apasionó su negocio y comenzó a producir un tipo de comida, que si bien no es típica nuestra, logró transformarla en lo que hoy se conoce como una hamburguesa estilo callejero. También ofrecía toda una variedad de opciones como el perro caliente, el pan con queso y después llegó el patacón”, cuenta Liliana, al destacar que su esposo siempre trabajó bajo dos premisas fundamentales: Calidad y buen servicio.

Empujados a crecer

El ambiente de familiaridad y camaradería, no solo entre el personal, sino también con los clientes, es una de las cualidades distintivas de este negocio que combina la informalidad de un puesto de calle con la disciplina, consistencia e identidad corporativa de una empresa formal.

Desde hace 10 años el aumento de la demanda de los clientes los ha impulsado a Franco hacia un proceso de crecimiento y profesionalización que ha ido esculpiendo la estructura del negocio, sin perder su esencia de jovialidad y cercanía con la gente. Esta misma senda es la que en los últimos dos años ha llevado a Franco a buscar la traducción de su modelo en una franquicia que permita a inversionistas reproducir el éxito alcanzado en la calle 67.

“Tenemos dos años dando forma al concepto de franquicia, estamos trabajando en todos nuestros manuales y muchos otros detalles para que eso realmente funcione. Nuestro proyecto piloto va a ser la apertura de la sede en San Francisco (La Coromoto), que ya está listo y es una copia de nuestro negocio original, que aspiramos a abrirlo a principios de diciembre”, explica Liliana, al acotar que esta primera experiencia fuera de su “área de confort”, se mantendrá todavía en el ámbito familiar ya que servirá para madurar bien todos los procesos, antes de comenzar a franquiciar con terceros.

Otras modalidades del negocio que también evolucionan bajo la marca de Franco es el servicio de catering para fiestas y el tráiler para eventos, los cuales les permiten llevar la preparación de los mismos productos que los han posicionado como líderes en la comida rápida de calle, pero en el confort del hogar o la comunidad de clientes que buscan una atención dedicada para su celebración familiar, corporativa o social.

La popularidad de Franco también saca partido de las herramientas de social media y mercadeo al innovar mediante concursos y actividades como la Ruleta Franco o el Ticket Dorado (al estilo Willy Wonka), que permiten a la gente ganar premios a la vez que aportan novedades y diversión a la experiencia de usuario.

Más de lo evidente

Aunque la parte más visible de la operación es el tráiler de acero inoxidable donde ocho cocineros trabajan frenéticamente en una sincronía capaz de despachar más de 20 hamburguesas e igual cantidad de arepas en dos minutos, ésta es solo la punta del iceberg. Robaina cuenta que en la cocina interna del local anexo al hay un enjambre de personas trabajando en toda la preproducción de verduras, y frituras (arepas, papas y tequeños), que se suman a la fuerza de mesoneros, refresqueros y personal de facturación.

“Recientemente incorporamos figuras nuevas a la estructura para darle mayor consistencia a toda la operación. Una de estas es el control de calidad, que es una persona que va a estar pendiente de que los productos salgan como debe ser”, apunta Liliana con evidente satisfacción.

En términos de seguridad, Franco cuenta con un servicio privado de personal especializado que custodia el perímetro sin llamar la atención ya que están vestidos de civil para mezclarse mejor entre la clientela. También cuentan con un convenio que permite garantizar la presencia de efectivos policiales en el lugar en menos de cinco minutos.

Lo más difícil

Robaina confiesa que la empresa ha pasado por dos momentos retadores, uno de índole emocional cuando hace cuatro años perdieron a su esposo y fundador del negocio en un accidente de tránsito en la Lara-Zulia, y otro de naturaleza operativa durante las protestas entre abril y julio de este año.

“Nosotros somos una familia de trabajadores y yo no puedo cerrar Franco sin preocuparme porque mis muchachos no tengan su dinero entrando, entonces este año fue bastante difícil, pero logramos salir a flote porque todos somos personas bastante consecuentes”, comenta Liliana en referencia a las dificultades logísticas.

En cuanto a la muerte de Franco Liliana explica que lo que más sufrió en lo personal y el negocio fue la parte anímica, más no la operativa, ya que al ser un negocio familiar ya venían varias personas involucradas en su manejo.

“Todo siguió trabajando normalmente, pero evidentemente la parte emotiva fue la que se sintió bastante comprometida porque hay mucho personal que tiene muchos años con nosotros. No era solo la relación patrono/empleado, sino que en muchos casos había una amistad. Franco era una persona muy conocida en la ciudad, de toda la vida en este negocio y emocionalmente fue bastante fuerte, pero yo siempre he dicho que desde ese momento para acá, él no abandona el negocio, ya que tuvimos un mayor auge porque esa experiencia nos cohesionó más. Recibimos mucho respaldo de todo Maracaibo, fue algo impresionante”, confiesa Robaina con una mezcla de pesar y añoranza.

Ante la interrogante de qué le depara el futuro a Franco, la garante del legado de su esposo responde sin dudar: “Crecer y expandirnos con pie de plomo”.

Con sus esperanzas cifradas en el nuevo modelo de franquicia, Liliana asegura que “ya hay buenas perspectivas en la Costa Oriental, en Falcón y fuera del país, pero todo tiene que ir en su justo momento y gracias a Dios creo que vienen cosas buenas”.

 

Para mayor información puede ingresar a:

Web: http://franco.com.ve/

Instagram: @francoesfranco

Facebook: https://www.facebook.com/Franco-Comida-Rápida

 

 

Redacción y fotografía: Luis Ricardo Pérez P.

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