¿Por qué están desapareciendo los puntos de venta? Aquí te lo explicamos

Llegar a un centro comercial como Lago Mall y toparse con un letrero en la taquilla de Cinex anunciando que solo aceptan efectivo (porque desde hace tres días no tienen punto de venta), es una situación inaceptable para una empresa de semejante magnitud, especialmente en tiempos donde la hiperinflación y la escasez de billetes hacen materialmente imposible a los consumidores manejarse en dinero contante y sonante.

Este cuadro cada vez más recurrente y absurdo -teniendo en cuenta que hasta los mesones de los “bachaqueros” en la calle tienen punto de venta y otros medios de pago electrónico- es solo el síntoma de un problema estructural que ha convertido la formalidad empresarial en una pesada carga que da ventajas a quienes operan de manera informal y hasta ilegal.

A mayor uso, mayor desgaste

Antes de ahondar en por qué no hay suficientes puntos de venta, es necesario entender que estos aparatos no son otra cosa que un dataphone, una especie de teléfono de línea fija o celular sin parlantes ni micrófono, que se conecta a una compleja red de bancos y empresas de tarjetas de crédito, para indicar de forma rápida y segura cuánto dinero hay que trasladar de tus cuentas bancarias o instrumentos de pago a la cuenta del comerciante.

Estos artefactos que técnicamente se conocen como pin pads, son uno de los eslabones más frágiles de la banca electrónica, ya que por ser una interface de contacto físico entre los usuarios y la red digital, están sometidos a un desgaste natural cada vez que su lector de barra magnética o chip entra en contacto con las tarjetas.

Según cifras divulgadas en diciembre de 2017 por B.O.D. (la entidad financiera de mayor cobertura en la región), su plataforma de puntos de venta experimentó un incremento del 66% en el volumen de operaciones registradas durante el último año hasta el mes de octubre, y desde entonces la demanda solo ha tendido a incrementarse.

A medida que escasea el efectivo y aumenta la cantidad de operaciones que se realizan a través de estos dispositivos, se acorta la vida de los cabezales de lectura magnética, así como de los pines metálicos que hacen contacto con los chips; algo similar a lo que pasaría si usted pusiera y quitara cientos de veces al día la SIM card de su celular o escuchara incesantemente un viejo casette en el reproductor de su casa.

Esta situación es la que lleva a ver cada vez con más frecuencia a operadores de las cajas registradoras frotando las tarjetas contra su blue jean o metiendo un pedazo de carpeta marrón en la ranura del punto de venta, para aumentar la presión y mejorar el contacto con los pines lectores, pero estos “pañitos calientes” solo extienden momentáneamente la vida del agonizante artefacto, que pronto requerirá servicio técnico o sustitución.

Servicio técnico atrofiado y saturado

El mantenimiento y reparación de estos equipos, que también están expuestos al polvo y las fluctuaciones del sistema eléctrico, requiere de mucho más que el tradicional hisopo con alcohol que se usaba en los años 80’s para limpiar la casetera o el VHS.

Según se especifica en el manual de usuario del fabricante (usualmente Ingenico o Veriphone), los puntos de venta solo pueden ser reparados por personal especializado, algo cada vez más difícil, en vista de la acentuada deserción laboral que experimentan los departamentos de TI de todas las empresas a nivel nacional, a causa de la creciente diáspora migratoria.

Este contexto promueve enormes cuellos de botella en los departamentos técnicos de los bancos, donde el escaso personal debe atender requerimientos que se acumulan a un ritmo vertiginoso, transformando los tiempos de respuesta en un desesperante limbo donde los comercios caen presa de la inanición financiera, con potencial riesgo de muerte si no logran reanudar de alguna forma su facturación.

Números en picada

De acuerdo al último “estudio comparativo de tarjetas de crédito y débito”, publicado por el Banco Central de Venezuela (BCV) en noviembre del año pasado, entre enero y septiembre de 2017 dejaron de funcionar 8.357 puntos de ventas, con lo cual la cantidad de dispositivos activos en todo el país cayó de 436.336 a 427.979. Una tendencia que se ha acentuado en 2018, según denuncia la Alianza Nacional de Usuarios y Consumidores (Anauco).

La falta de acceso a divisas oficiales ha impedido en los últimos años a bancos y empresas prestadoras del servicio de punto de venta, importar los equipos y repuestos necesarios para reponer o incrementar la cantidad de estos dispositivos, lo cual ha dado pie a un mercado secundario de aparatos repotenciados que se ofrecen entre 30 y 45 millones de bolívares (aproximadamente 125 dólares), mientras que los nuevos se cotizan internacionalmente entre $250 y $560, dependiendo del modelo.

A diferencia de los comerciantes informales o pequeñas empresas, la banca privada y grandes compañías no pueden optar por adquirir estos recursos a tasa no oficial o fuentes cuestionables  ya que estan bajo una fuerte fiscalización del Estado.

¿Y entónces que hacemos?

Roberto León Parilli, presidente de Anauco asegura que el Gobierno ha errado la estrategia de ataque a la crisis monetaria, ya que en vez de nuevos billetes con más ceros o una reconversión, lo que se debería hacer, es masificar y democratizar el acceso a los dispositivos de pago electrónico, cuyo déficit en el país se estima en unas 500.000 unidades.

Este enfoque coincide con la apreciación del economista especializado en banca, José Gregorio Piña, quien estima que el Gobierno podría remediar en corto tiempo la situación, a través de compras masivas a China -quien es el principal fabricante de puntos de venta-, lo cual ayudaría a reducir costos, e incluso podría crear un programa de financiamiento para venderlos a pequeños y medianos comerciantes.

A medida que el tiempo avanza, la necesidad de una solución a este grave problema se hace más apremiante, ya que otros paliativos como el pago telefónico, mejor conocido como P2P, no ha calado en la población, temerosa de sacar sus celulares en público, por miedo a que se los roben y luego no tener cómo reponerlos. Así que la pelota está en el lado oficial de la cancha.

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Cortesía

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