Estación Central de Café “infusiona” la constancia, se “deja colar” en otras latitudes y “rebosa la taza” del nacionalismo

El café es encuentro, confidencia, solaz, es un destino donde se llega de cuando en vez para sorber, saborear, suspirar y continuar el día. Hace cinco años, Julio Schwartz y Johana Blanco degustaron un taza humeante y tuvieron la idea de capitalizar aquella sensación de beatitud e invertirle constancia, esfuerzo y presencia. Estación Central del Café es el resultado de una afición que se transformó en el negocio pionero en su estilo en Maracaibo.

Hoy, la pareja de esposos y socios ya sembró seis tiendas, está a punto de abrir la primera con autoservicio de la ciudad, pronto plantará su semilla en otras ciudades venezolanas como Mérida y Caracas, y tiene solicitudes de inversionistas de Panamá, Colombia y Chile.

“Queremos crecer en firme y con calma”, comenta Johana, quien desde su formación como publicista es la voz de la empresa. La experiencia les enseñó que poco a poco se llega más lejos. “Tenemos el correo lleno de solicitudes, pero primero queremos fortalecernos, para brindar lo mejor”.

Grano a grano

Estación Central nació de una situación de desempleo que afrontaron Johana y Julio. Él constructor y ella publicista, hallaron el punto de encuentro grano a grano. “Julio siempre tuvo una afición marcada por el buen café, buscaba los mejores en Venezuela y en otras partes del mundo, compraba cafeteras, le gustaba aprender sobre el tema, hasta que decidió estudiar barismo en La Escuela Venezolana del Café 2013. Ahí comenzó todo”, detalla.

Julio Schwartz, pupilo de Paramaconi y egresado de la segunda promoción de baristas de la escuela venezolana y posteriormente certificado en la Speciality Coffe Association of Europe (Scae) por Luigi Lui, fue el primero en profundizar los estudios del café gourmet en la región.

Lo primero que adquirió fue un módulo itinerante, portátil, para llevarlo a eventos. “Yo le decía Julio, eso no da en Maracaibo, te vas a morir de hambre, pero el sacó su barra y comenzamos a buscarle nombre. Nos preguntamos ¿Qué es el negocio? Una estación, estación viene de tren, una central donde todo el mundo llega, donde todo el mundo se cruza, donde la gente va”, explica Blanco.

El boom en una taza

El trabajo de barista a domicilio le cayó a Julio como anillo al dedo. Fue el boom del momento en bodas, bazares, ferias gastronómicas y en todas las reuniones donde el café fuera bien venido. “Cuando se empezó a mover el negocio decidimos darle una vuelta y dijimos vamos a empacar, entonces nos dedicamos a buscar buen grano, molerlo, empacarlo y sacamos nuestra propia marca”.

El producto estuvo un año en los supermercados más relevantes de la ciudad. Mientras, la estación móvil seguía a todo tren y los clientes pidieron más. Se hizo apremiante la necesidad de tener un lugar propio para ofrecer el servicio completo y constante.

“Con la intención de tener una oficina y la maquina operativa entre semana, porque nos contrataban solo los fines de semana, conseguimos el primer local. Era pequeño y quedaba cerca de la casa, eso fue aquí en la 3F, nuestra casa matriz”, detalla la empresaria.

Aroma a expansión

La primera tienda causo furor. Desarrollaron mezclas, experimentaron sabores y tecnologías, y comenzó a surgir la competencia. “A los seis meses ya no cabía la gente, así que ampliamos. Julio monto acá su laboratorio, empezó a experimentar con más sabores como chile picante, menta, miel, naranja, desarrollamos cosas increíbles y lo mejor es que los clientes hacían propuestas”.

Johana tomo partido y comenzó a formarse en el arte de los cafés fríos.  Hizo combinaciones atrevidas con canela y cereza, añadió galletas, inspirada en un expendio de jugos que para la época preparaba merengadas inverosímiles con ingredientes variados.

A partir de ese momento el crecimiento fue imparable. Aperturaron el segundo local en la avenida 5 de Julio, incluyeron postres, ampliaron la oferta de menú y durante el tercer año abrieron la tercera casa en el sector Aventura que trajo la novedad del brew bar, con métodos de maceraciones e infusiones.

La apertura de la cuarta sede coincidió con el cuarto aniversario de la marca. El plus de esta franquicia fue el cold brew, una preparación que consiste en macerar café molido con agua a temperatura ambiente durante varias horas, esto da como resultado una bebida que se sirve helada, pero mantiene todas sus propiedades organolépticas y el sabor no es amargo.

Y como no hay quinto malo, la tienda número cinco, ubicada en Canta Claro, llego a cubrir las necesidades del público que solicitaba café con aprendizajes. “La gente quería asistir a conversatorios, talleres, reuniones, así que este local tiene un salón aislado que permite desarrollar eventos sin interferir con el servicio dentro”.

La sexta franquicia está en construcción y abrirá en el centro comercial Mall Paseo de San Francisco, como módulo de pasillo.

Modelo de negocio

“Les inyectamos café en la sangre”. Con esta frase Johana intenta explicar el concepto innovador que implementaron. “Lo que importa no es surgir primero, sino mantenerse en tiempo, aplicar estándares de calidad, ejercer la innovación y el funcionamiento exitoso, para asegurar un crecimiento constante”.

De las seis casas que tiene Estación Central del Café, cinco son franquicias. La mecánica para adquirir una tienda inicia con una petición escrita y una respuesta explicativa. “El inversionista revisa la inversión total, el plan de retorno y equipamiento. Si está de acuerdo paga el canon de entrada e inicia la asesoría técnica”.

Los lineamientos van desde la ubicación del local, la estrategia márquetin, la arquitectura y la ambientación. Se le entrega un plan de trabajo que incluye todo lo concerniente a la construcción, equipamiento, permisología, trámites bancarios y entrenamiento del personal.

Seis semanas antes se recluta el personal y se entrena de manera práctica en alguna de las otras franquicias, para ocupar los cargos disponibles como caja, lobby, cocina y atención al público. El franquiciado también debe aprender sobre cómo administrar y mantener operativa la franquicia.

Una semana antes de la apertura se entrega el personal para que puedan organizar y familiarizarse con el espacio. “Abren monitoreados con un supervisor y se les brinda un acompañamiento por seis semanas para pulir el proceso de operación. Hacemos un cronograma de seguimiento de operaciones, para verificar si están siguiendo el manual, los procesos y las recetas. Después hay una supervisión mensual, reuniones trimestrales con los franquiciados, y otras actividades de capacitación interna y externa”.

La franquicia se vende en dólares para poder mantener los estándares y productos. Se manejan cuatro modelos: exprés, jumbo, estándar y módulo de pasillo. La primera exprés abrirá en tres semanas en la remodelada tienda de 5 de Julio. “Dentro todo se venderá para llevar y fuera tendrá una ventanilla de autoservicio. El menú será práctico y rápido”.

Como promedio cada local expende unos 180 cafés diarios, los días buenos llegan a 300 y en eventos se preparan hasta 500.

No todo es dinero

“El éxito de Estación Central se basa en la constancia y en que no solo pensamos en ganar dinero. Si así fuera, perderíamos el rumbo y el foco, por eso uno de los requisitos para obtener una franquicia es que el dueño esté dispuesto a atenderla personalmente y se entregue exclusivo, para que no sea un lugar impersonal, rígido, sino un espacio para compartir, cómodo y cálido”.

Bajo estos estándares, la marca pretende brindar “un café diferente cada día”. Mantener el concepto, la calidad y la motivación, con la misión de elevar el estatus del café venezolano dentro y fuera del país, con el uso de granos traídos de Mérida, Trujillo, Portuguesa, Lara y Carabobo.

“Todo el mundo toma café y quien no lo hace no se ha dado la oportunidad de probarlo, de saborearlo, no solo como el producto frutal que es, sino como acompañante, esa es su esencia real, el significado que tiene para cada venezolano”, asegura.

Más información:

Facebook: Estación Central de Café

Instagram: @tuestaciondecafe

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Cortesía

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