El Teatro en Maracaibo: Una pasión que requiere de obligación

A parte de compartir unos tragos con un grupo de amigos, lamentablemente  Maracaibo no cuenta con muchas opciones de esparcimiento y recreación, para adultos.

Los niños tienen que conformarse con visitar un parque para montar bicicleta, jugar a la pelota o correr persiguendo  no saben qué.

Aunque  se  señala que “la cultura es el alimento del alma”, Maracaibo no cuenta con suficientes espacios ni estímulo para la creación escénica, donde los distintos  grupos actorales vean hecho realidad su sueño de interpretar sus obras.

El teatro es una de las actividades creadoras que enriquecen el acervo cultural de una sociedad, por lo que las grandes ciudades del mundo se precian de contar con hermosos y adecuados  escenarios para el arte histriónico.

De acuerdo a  Carlos Guevara, actor zuliano  con más de 40 años sobre las “tablas”, en Maracaibo la actividad teatral es muy limitada y son pocas las agrupaciones que se permiten montar sus obras con el suficiente éxito deseado.

Sin embargo no siempre fue así. A mediados el 1840  en Maracaibo  era común que sus 35 mil habitantes para aquel entonces, se la ingeniaran para disfrutar de una obra de teatro, una zarzuela o espectáculos  musicales en cafés  o escenarios incipientes que denominaban con el nombre de Teatro.

No fue hasta el 24 de julio de 1883 cuando se inauguró el Teatro Baralt, cuando Maracaibo contó con su escenario cultural, con motivo de la celebración de primer centenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar.

Luego de más de un siglo de esplendor en este escenario, lamentablemente la actividad teatral en Maracaibo a estado sujeta a los vaivenes de las políticas de Estado, las cuales no han tenido el real objetivo de amparar la creación, promoción y difusión   del teatro, según lo afirma el experimentado actor.

Pero más reciente, en los años ´80 del pasado siglo, tuvo su época de esplendor, entre la que se destaca la etapa de la Sociedad Dramática de Maracaibo, el Grupo Mampara, el Teatro Universitario de LUZ,  Acción Creativa, entre los recordados.

Para el año 1983, La Sociedad Dramática de Maracaibo  fue  la agrupación con la más dilatada trayectoria en representaciones de obras importantes y que quedaron para la historia, además de poseer el mayor presupuesto de todo el país y su propia sala.

El teatro una pasión que requiere de obligación

Guevara nos explica, que existe una Ley de Cultura, que en su texto contempla la obligación de las empresas privadas y las instituciones  públicas de patrocinar el desarrollo de la actividad teatral, pero no se cumple en ningún lado.

Unido al poco interés de sector empresarial y público en desarrollar una actividad teatral constante, sustentable y atractiva para el público marabino, aunque nos asombre, en la ciudad  no existen espacios acordes para hacer teatro, pues de las tres  salas que aún funcionan, dos no poseen las características  de infraestructura para una adecuada exhibición de las obras.

En Maracaibo hay una sola sala de teatro como tal, el Centro de Bellas Artes “Ateneo de Maracaibo”; el resto son salas de usos múltiples, con evidentes limitaciones acústicas, iluminación y de infraestructura que impiden la calidad y comodidad de las puestas en escenas, según  el criterio de Guevara.

Sin menospreciar el gran aporte que ofrecen  para la cultura en el Zulia, tanto  el  Centro de Arte de Maracaibo “Lía Bermúdez” como el Teatro Baralt, el cual a pesar de su historia como escenario por excelencia de la ciudad, tienen muchas deficiencias, como insuficiente acústica e instalaciones incomodas para los actores, convirtiéndolo en una sala de presentación de eventos, que incluye obras de teatros con su limitantes.

En Maracaibo se ha perdido muchos lugares que pudieron ser ganados para la actividad teatral, donde anteriormente funcionaron  los cines de la ciudad y que en décadas anteriores eran usados para la presentación de obras teatrales.

En los años ´80 las instalaciones de los ya en desuso cines Roxy, Maracaibo y 5 de Julio, por nombras algunos, servían de escenario para la puesta en escena de obras teatrales, con una gran acogida por el público marabino, pero la falta de incentivo e inversión no permitió que perdurara la actividad.

El también interprete de uno de los personajes de la exitosa obra “Señoras de Maracaibo”, reconoció que un factor importante en la frecuencia de temporadas de teatro en Maracaibo, como en otras ciudades de relevancia, es la desestimulación  de la gente que hace teatro, ante lo complicado que representa montar una obra y la posibilidad de vivir decentemente de fruto de sus presentaciones.

No todo puede ser amor al arte, por lo que las agrupaciones teatrales también han perdido su interés, en vista que pasan hasta tres meses montando y ensayando sus obras, y en la mayoría de los caso apenas logran representarlas  cinco veces, en el mejor de los caso.

Con rostro de comprensión,  Carlos Guevara  nos afirma que, los actores de Maracaibo no pueden vivir del teatro, por lo que en su mayoría deben de ejercer otras actividades para lograr ingresos económicos para subsistir.

“Y es que al parecer para el sector privado de la región, el teatro nunca ha sido atractivo como negocio, quizás porque no le genera las ganancias, mientras que para los gobernantes no le da votos”, opina.

Señoras de Maracaibo  reivindica el teatro

Por sobre las dificultades para producir teatro en nuestra urbe, “Señoras de Maracaibo” de la Fundación para el desarrollo de la dramaturgia regional, Fudrama, es la obra de teatro con mayor éxito actualmente y con más representaciones, luego de 9 años en escena.

La aceptación en el público de “Señoras de Maracaibo” se debe  que está concebida como una comedia,  que incluye un lenguaje muy cercano al de la gente común, en cada una de sus cinco versiones, “Monólogos”, “El Velorio de Eudomario”, “En los brazos de Dionisio”, “Los quince años de Jenifer”, y “La bulla de los cocíos”.

Esta obra de éxito prolongado  en escenarios locales y nacionales, cuenta con experimentados actores  de la talla de José Molero, representando a “La China Mamblea Contreras, viuda de Pacheco”, Henry Semprún interpreta a “Marucha Boscán”, “Dalia” personificado por Ricardo Lugo, “La Muda Mística” Luis Vargas  y Carlos Guevara  a “Guillermina Vílchez  de Osorio”.

Carlos reconoce que  con buenos actores y  un buen tema  que atraiga al público, se puede lograr una actividad  artística productiva y creadora.

Si no se cuenta con espacios adecuado en salas, se puede hacer teatro de calle, llevándolo  a las diferentes comunidades, con el sueño de que algún día  el público de menos recursos y menos acceso a la cultura  irá a las salas  a ver  a sus actores.

Reconoce que es  una buena alternativa de difusión de arte al aire libre, pero que no genera los recursos económicos para su sustentabilidad, por lo que se requiere del apoyo oficial y privado.

Pero los logros en el escenario no pueden  ser dejado sólo al esfuerzos de sus creadores y la calidad de sus obras, sino que el Estado debe proteger e impulsar de manera definitiva y sincera  el teatro zuliano, a través de la Ley Regional de Cultura.

También se hace necesario que las empresas privadas e instituciones gubernamentales destinen recursos y apoyo para la promoción y puesta en escenas de los muchos proyecto actorales que están a la espera.

Con las condiciones de infraestructura, presupuesto e incentivo a los trabajadores de teatros, es posible inculcar en la población el deseo e interés de disfrutar de un buen espectáculo  de las tablas y conformar un público permanente que vaya al teatro.

Redacción: Jogli Vera

Foto: Fundrama

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