El santo de los choferes era mecánico y gandolero de Cervecería Zulia

Quienes frecuentan las rutas del transporte público, tal vez vieron pegada en el tablero o el retrovisor del vehículo una estampita con el rostro de un hombre joven, de cabello oscuro y bigote pequeño. Él es llamado “el santo de los choferes…”.

Domingo Antonio Sánchez era mecánico y gandolero de la Cervecería Zulia. Tras su trágica muerte durante un accidente de tránsito, el chofer comenzó a “hacerle milagros” a sus colegas y muchos lo veneran, por ser el guardián de los caminos venezolanos.

La historia de Sánchez y sus milagros se fue desvaneciendo en el tiempo. Sin embargo, muchos choferes le piden con fe, aún si saber de quién se trata. Tu Reporte rescató la leyenda:

Tragedia al amanecer

santo de los choferes

Serían las seis de la mañana cuando un estruendo retumbó la soledad en la carretera que iba de Barquisimeto hasta Carora. Era el amanecer del 19 de diciembre de 1954 y en kilómetros a la redonda no había una casa, solo algunos vendedores ambulantes, que aprovechaban el paso de los camioneros para ofrecer sus chucherías.

Hipólita de Pinto era una joven de 26 años. Ella y su esposo Espirito Pinto vendían empanadas al borde de la carretera. Cuando llegaron al lugar del accidente, el camión enviscado estaba casi ruedas arriba y una gigante llamarada se levantaba hasta el cielo.

Los gritos del chófer pidiendo auxilio se escuchaban por encima del crepitar de la madera ardiendo y del estallido de las botellas. “Los gritos paraban el pelo”, comentaría Hipólita a quienes llegaron después.

A los tres días, el tabloide vespertino Ultima Hora desplegó el titular con una cita textual, que parecía un adagio: “Me voy rápido para regresar cuanto antes”. La nota proseguía narrando los pormenores del suceso:

“…había dicho el chófer que pereció horriblemente calcinado en el puente Los Sierrales, al volcar e incendiarse el camión que manejaba. Era nativo de Río Claro (Quibor) y deja cuatro hijos en miseria y orfandad. Estaba muy contento porque había encontrado trabajo”.

Una muerte terrible y dolorosa

santo de los choferes

Según cuentan los creyentes, Domingo Antonio Sánchez tenía 37 años, era mecánico, y tenía dos meses trabajando en la Cervecería Zulia, transportando carga desde Maracaibo hasta Barquisimeto.

Su afán por quedar bien y ser puntual lo hicieron salir temprano esa mañana y, tal vez, abusar un poco de la velocidad. En esa curva cerrada, al borde del puente, perdió el control del camión 650 que quedó volteado en la cuneta.

Para su desgracia, la muerte no lo visitó en el acto, sino que agonizó varios minutos consumido por el fuego. Tuvo fuerzas de gritar pidiendo ayuda, pero estaba tan aprisionado entre el amasijo de hierros y las cajas de cerveza, que fue imposible sacarlo con vida. Su cuerpo calcinado fue enterrado en el cementerio de Barquisimeto, al lado de una mata de mamón.

Como es costumbre, la viuda Salvadora Falcón de Sánchez y el resto de la familia hicieron levantar una capilla minúscula en el lugar del accidente, para preservar la memoria del difunto y evitar así que cayera en pena.

El primer “milagro” del santo de los choferes

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El relevo de Sánchez era maracucho. Como cubría la misma ruta, cada vez que pasaba por el lugar del accidente volteaba a mirar la capillita y le pedía al ánima de Domingo que lo acompañara en el camino.

Dos meses más tarde, una mañana que el chófer iba a surtir las tabernas barquisimetanas, al pasar frente a la capilla el camión se apagó en seco y no quiso volver a encender.

El hombre revisó el motor, pero al no encontrar la falla, se arrimó hasta la capilla de Domingo y le dijo: “amigo ayudame y te pongo una vela”.

De inmediato el hombre entró como en un trance y escuchó la voz del difunto pidiéndole agua. Al reaccionar, corrió a cumplir la petición del ánima y le colocó un vaso de agua en la capilla. Luego fue hasta el camión, giró la llave y el vehículo encendió como si nada.

Lo milagroso del caso es que, casi llegando a Barquisimeto, el conductor encontró un accidente el la vía, donde varias personas había fallecido. Al bajarse de camión y preguntar, sacó cuentas y comprendió que si la unidad no se hubiese apagado, lo más seguro es que uno de los muertos hubiese sido él.

A partir de ese momento la leyenda de Domingo comenzó a rodar por todas las carreteras del occidente del país. Cada vez más y más milagros se le fueron atribuyendo y los agradecidos devotos agrandaron la capilla, hasta lograr construir el santuario actual.

La construcción consta de tres habitaciones, todas dedicadas al culto de hombre y al resguardo de las “promesas” hechas al santo de los choferes.

Hoy día, la imagen de Sánchez tiene un lugar privilegiado en casi todos los retrovisores, tableros y limpiaparabrisas de los vehículos que transitan las carreteras venezolanas.

La celadora del “santuario”

santo de los choferes

Hipólita de Pinto quedó tan consternada con la visión del accidente, que se dedicó a cuidar la capillita de Domingo. Fue tanta su devoción que los familiares de Sánchez la ayudaron para construir una vivienda junto al santuario y la nombraron cuidadora oficial, labor que realizó durante 42 años hasta que una enfermedad la dejó ciega.

A partir de ese momento, su nieta, Modesta Rodríguez, se encargó de limpiar y mantener la enorme capilla donde se guardan todos los milagros del Hermano Domingo.

Al menos unas 50 personas visitan a diario la capilla de Domingo Sánchez, el santo de los choferes. Los devotos cuelgan placas de agradecimiento, encienden velas, rezan, fuman tabaco, tocan tambores, se transportan (incorporan) y realizan peticiones.

A la habitación central solo se puede entrar descalzo. Uno de los rituales más particulares consiste en colocar al pie de la imagen de Domingo varias latas de cerveza, para que el hermano las bendiga. Luego, los fieles recogen el líquido y lo utilizan para bañar sus vehículos, a manera de protección.

Monumentos funerarios

Una investigación realizada entre 1998 y 1999, por la profesora Dobrila Djukich de Nery, a lo largo de la vía Lara – Zulia, determinó que para la fecha existían, desde el Puente Rafael Urdaneta hasta la zona limítrofe con Lara, unas 95 capillitas, un promedio de una capilla por cada 1,19 kilómetros.

Según la docente, la construcción de estos monumentos funerarios en las orillas de las carreteras constituye un componente fundamental de las prácticas funerarias en Venezuela y en varios países de América Latina.

Estas edificaciones constan de tres componentes: factual, que identifica el tipo de muerte violenta o súbita; espacial, que se relaciona con la necesidad de construir la capilla en el mismo lugar donde falleció la persona, a manera de demarcador de un espacio sagrado para visitas rituales.

Además es temporal, porque se enlaza con la necesidad de construir cuanto antes la capilla, para iniciar el ritual de visitas, que incluye colocación de agua, velas, flores, piedras e incluso la realización de misas en fechas determinadas, para que el difunto descanse en paz.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Archivo

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