El North Center esconde un “alter ego” más seguro y lujoso en su parte posterior

Ir a comer de noche en la “calle –o más bien estacionamiento- del hambre” del C.C. North Center de la Av. Paul Moreno era casi un acto de valentía. En Medio de la oscurana osados comensales desafiaban a la suerte y el hampa, en un estrecho corredor donde las mesas y vehículos compiten por el mismo espacio, a orillas de la transitada vía, pero desde hace tres meses algo “grande” cambió para bien.

Inadvertido a los ojos del conductor asiduo o casual de la zona, en el extremo derecho del deslucido centro comercial hay una callejuela que conduce hacia la parte trasera. Al menos de momento no hay letreros ni indicios que puedan delatar lo que está más adelante, pasando los remanentes de un parque de diversiones que parece sacado de la película “It” de Stephen King.

Como canto de ángeles

Un breve giro a la izquierda y un destello de luces como de estadio, marcan la llegada a un espacio abierto, donde un estacionamiento nuevo con capacidad para más de 100 vehículos, se despliega como una gran alfombra de bienvenida hacia la estructura de líneas limpias y superficies relucientes de granito y coralina que aguarda en el fondo, tras una jardinera poblada de isoras y chaguaramos recién plantados.

En el aire, la inconfundible mezcla de aromas familiares a Shawarma, hamburguesas, cachapas, churros, tumba ranchos y carne asada reafirman la idea de estar en el North Center, pero los ojos no dan crédito al inmaculado y sobrio espacio que ahora alberga a locales ya conocidos de la una vez infame calle del hambre.

Viejos nombres como Epale, El Fadi y Cachapas el Maracucho ahora conviven con nuevas marcas como Yogurt Boom, Panchitas Mexican Grill, Pinkoh, Pastrami Mcbo., Kepén, Buldogas Urban Burger, Estación 67, Que Churros, Ancas Grill y Parada Express.

No se escucha el ruido de la calle. La música electrónica del bootcamp Extreme Balance en la canchita de grama artificial del cuadrante izquierdo, la fresca brisa del lago, una llanura de al menos 80 mesas coronadas con modernas sillas de color verde manzana y una terraza con capacidad para aún más mesas dan la sensación de estar en otra ciudad como Margarita o tal vez Aruba.

Condicionamiento ambiental

El cambio de ambiente parece también condicionar a los visitantes que ahora se comportan a la altura del suntuoso espacio. No hay fanfarronerías, ni risotadas con vehículos que lleguen a romper la calma con la estridencia de un reguetón o vallenato a todo volumen.

En lugar de entaconadas y explotadas “mamis” con aspecto de prepago y sus respectivos “papis” de mirada amenazante y camionetas que ya no crecen más, ahora se ven parejas de aspecto amigable, personas mayores y hasta familias completas con niños que transitan alegremente entre las mesas.

El extraño caso de North Center es como una versión en reversa de la clásica historia de Robert Louis Stevenson, pero esta vez parece haber sido Mr. Hyde, el monstruo grotesco e incivilizado, quien bebió una pócima que lo transformó en el apacible y circunspecto Dr Jekyll.

Tal vez el centro comercial simplemente aprendió la lección ya asimilada por los zulianos desde hace tiempo, de que es preferible hacer las cosas bien y sin demasiado aspaviento, manteniendo un bajo perfil por fuera, mientras la procesión va por dentro.

Pocas veces una secuela es mejor que la historia original, pero al menos de momento, la segunda etapa del North Center es un lugar seguro, agradable y recomendable para disfrutar en familia y con amigos. Solo esperemos que nunca se pasen los efectos de la fórmula y Mr. Hyde no vuelva a despertar jamás.

 

Redacción y fotos: Luis Ricardo Pérez P.

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