Unos dos mil marabinos podrían quedar desempleados por saqueos

Cuando Carmen llegó a su negocio, ubicado al noroeste de la ciudad, ya no había nada que hacer. La santamaría guindaba a un lado de la puerta, como un papel arrugado, y la entrada estaba obstruida por los restos de lo que fue el pequeño minimarket que tardó 15 años en levantar.

¿Qué sintió? Al principio rabia, desesperación, un dolor profundo como si un familiar hubiera muerto aquella noche. Su esposo la detuvo en el umbral. “No mires, ya no vale la pena, todo está en el suelo”, le suplicó. Pero ella, movida por la angustia, quiso constatar que de verdad sus lágrimas “ya no valían la pena”.

Le arrebató la linterna de las manos y buscó entre los escombros el camino que cada mañana recorría para ingresar al “negocio”. Lo que vio le pareció la materialización de sus más terribles pesadillas. Un caos como si un huracán infernal hubiese entrado, para llevarse en 90 minutos el sustento de su familia.

Apretó los dientes, las manos, los ojos. Gritó como jamás lo había hecho y se lanzó al piso a llorar, durante horas, hasta que la luz del día evidenció con verdadera crueldad los estragos causados por la delincuencia, el odio y la violencia de los saqueos en Maracaibo.

Qué vamos a hacer ahora

Cuando sus ocho empleados llegaron ya Carmen había terminado de llorar. Estaba sentada en la acera, con los ojos hinchados y la mirada perdida hacia la calle. Mildred y Tibisay, las dos cajeras, se pusieron las manos en la cabeza y se sentaron a su lado.

“Patrona, qué vamos a hacer ahora”, le preguntó Juan, el empleado más antiguo, quien a sus 68 años era depositario, obrero, empacador y el “utility” del negocio. “Cállate chico”, gritó Tibisay, temiendo que el cuestionamiento provocara otra crisis de llanto.

Pero Carmen no respondió. Se levantó y caminó, tomó del brazo a su esposo que le daba explicaciones a un grupo de uniformados y le dijo “vámonos”. “¿A la casa?”, respondió él. “No, del país”, sentenció Carmen y se encerró en su carro a seguir llorando. Ahora no solo por su familia sino por las de sus ocho empledos

Las cifras oficiales que maneja Fedecamaras hablan de más de 500 locales violentados y saqueados. ¿Cuántos estarán en la posibilidad de abrir de nuevo? Al menos el negocio de Carmen será uno de los que no podrá recuperarse y los trabajadores quedarán desempleados.

Más de dos mil posibles desempleados

Hace apenas unos días, Fergus Walshe Belloso, presidente de la Cámara de Comercio de Maracaibo, indicó que los destrozos ocasionados al sector comercial durante el apagón nacional dejarán entre 2.000 y 2.500 desempleados en la ciudad.

Con pesadumbre apuntó que “es poco probable que muchos locales vuelvan a abrir debido a los graves daños en su infraestructura. Así que Maracaibo no solo sufrirá la profundización de la escasez sino que ahora crecerá su desempleo”.

La opinión de Walshe se avala con las evidencias de “la crisis sistemática que vive el país. Podemos asegurar que la mayoría de las empresas afectadas, no está en capacidad de reanudar operaciones, comprometiendo las posibilidades de atender la distribución de alimentos y con la consecuente pérdida de los puestos de trabajo de los que dependen innumerables familias zulianas”.

Los estragos de los saqueos van más allá del ataque despiadado a la propiedad pública. Con el paso de los días, las verdaderas consecuencias despertarán la conciencia de quienes, por una razón u otra, destrozaron una buena parte del sector productivo marabino.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda @racmiranda

Fotografía: Archivo

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