Sexo en dólares seduce a las “prepago” de Maracaibo

En Venezuela las profesiones suelen asumirse como símbolos de auto realización y estatus, pero en situaciones de crisis los oficios prueban ser más versátiles y hasta mejor remunerados. Su universalidad permite ofrecer un servicio en cualquier latitud, sin necesidad de convalidar títulos ni más currículo que la habilidad que se pueda demostrar in-situ. Eso fue lo que descubrió “Coral”, cuando decidió archivar su educación universitaria para ejercer “el oficio más antiguo del mundo”.  

El negocio de la prostitución es un tema polémico cargado de un fuerte estigma social, sobre todo en Latinoamérica, donde hay un acentuado arraigo moral ligado a una formación religiosa mayoritariamente católica. Por tal razón, recomendamos a los lectores con perfil muy conservador, detenerse en este punto y optar por una lectura más acorde con sus valores de pudor y virtud, a fin de evitar un bombardeo innecesario de críticas a nuestro correo. Si decidió continuar leyendo por su mentalidad abierta, lo felicitamos, pero si no, considérese advertido y proceda bajo su propio riesgo. Mujer de negocios “Coral” es el pseudónimo o nombre artístico de una zuliana de 28 años que decidió convertir su cuerpo en su propia empresa de servicios sexuales itinerante. Es una mujer emprendedora. Estudió comunicación social y tiene su propia agencia de eventos, pero la crisis venezolana la condujo a internacionalizarse para buscar ingresos en moneda dura. Ahora pasa más tiempo de viaje ejerciendo su oficio, que en el país desarrollando su carrera profesional. Un “amigo de un amigo” sirvió de enlace para lograr la entrevista por notas de voz vía Whatsapp, ya que como es costumbre, en este momento Coral se encuentra en medio de un tour por el exterior “atendiendo asuntos de negocios”. Son apenas las 7.00 de la noche, pero por ser lunes su agenda está desocupada. En las grabaciones su voz es calmada -casi un susurro-, lo cual permite escuchar los grillos y un perro que ladra incesantemente en la distancia. Coral se muestra amable y dispuesta a conversar con Tu Reporte, aunque ya acostumbrada a evitar el apego emocional, prefiere omitir cualquier referencia de su vida personal, más allá de lo que sea estrictamente necesario para explicar cómo funciona su trabajo. Nuevos esquemas Esta morena de mediana estatura y curvas prominentes cuenta que las bases de su modus vivendi siguen siendo las mismas que en los tiempos de la antigua Roma, pero lo que ha cambiado es la forma de “conectarse” y “contactar” con los clientes. “Ya la gente que se dedica a esto no trabaja dentro de Venezuela sino que sale de viaje y por eso hay muchos sistemas. Están los “night club” donde las mujeres trabajan y los hombres van en busca de compañía. En estos sitios hay distintas modalidades y el pago varía según la moneda de cada país y el tiempo del servicio. En algunos casos se trabaja en intervalos de 15 minutos, y en otros es de media hora. También en algunos lugares ganan por trago vendido”, detalla la joven. Otra modalidad es la denominada “escort service” que en algunos lugares se denomina se conoce como “dama de compañía”, pero el término realmente se refiere a la persona que moviliza, promueve y cuida a las prestadoras de servicio, ya que las escolta. Esa persona tiene una cartera de clientes y muestra las fotos de las muchachas. Recibe un 50% de lo que se cobra por hora ya que también provee el alojamiento a las “acompañantes”. El “presentador” es una figura muy parecida al “escort” pero trabaja con diferentes mujeres a la vez y tiene una cartera de clientes amplia que especifican sus requerimientos y les presentan las opciones. Los servicios también son más amplios ya que incluyen shows de strip-tease aparte del intercambio sexual. La modalidad de “redes sociales” es una operación sin intermediarios entre la parte ofertante y el cliente, que usa canales como Facebook, Instagram y Tinder para hacer el enlace. Si a la muchacha le interesa el solicitante y éste acepta el precio, se da el encuentro si están geográficamente cerca. La opción de “salir a ver qué haces” es la más tradicional de todas ya que requiere el menor nivel de logística y tecnificación, pero a la vez es el más arriesgado. “Vas a los clubes nocturnos (disco) y casinos a ver que ‘costillita’ se te pega por ahí, tú le dices el precio y si están de acuerdo hay trato”, resume la joven, al explicar que suele adaptarse a todas las modalidades, dependiendo de cuál ofrezca la mayor rentabilidad en el contexto en que se encuentre. Estar legal Coral explica que el tema migratorio suele ser más o menos complicado dependiendo del país en que se encuentre. Prefiere no detallar ninguna localidad en específico para no aumentar la predisposición que ya existe en muchas naciones ante la inmigración de venezolanos. “No quisiera decir nada que pueda empeorar las cosas para las mujeres que vamos a trabajar en esos países. Uno está ya rayado pero en este caso otra raya más para el tigre tampoco es nada bueno”, puntualiza. “Siempre hay un temor constante a la policía o a que te pase algo. También está el peligro de una enfermedad. Yo una vez fui a bailar en un strip club en una de las islas pequeñas y me enfermé de broncoespasmo. Fue algo difícil pasar por esa situación lejos de casa sin tus comodidades y tu  familia. Yo he escuchado de casos como el una muchacha en Dominicana, que enfermó y pasó días en cama, una amiga la dejó durmiendo con una fiebre y cuando regresó en la mañana ya estaba muerta”, ilustra la meretriz, con un tono de evidente preocupación, recalcando que “uno está lejos y propenso a cualquier eventualidad o locura”. Precios y servicios Las tarifas por hora oscilan entre 150 y 200 dólares la hora, dependiendo del país en que se encuentre ya que la realidad del mercado local es la que determina cuánto puede pedir; sin embargo Coral asegura que lo mínimo que acepta por sus atenciones son 100 dólares la hora. “Hay clubes que cobran $50 la media hora. El show de strip-tease vale de 100 a 150 y las propinas dependen de la generosidad de los clientes. Cada tipo de servicio tiene una tarifa diferente. Cuando es sexo vaginal u oral siempre se usa preservativo y está dentro de lo que incluye el precio por hora, pero en el caso de sexo anal es algo que depende de la preferencia de cada mujer. Yo por lo menos no lo hago con cualquiera. Tiene que tener mucha plata”, sentencia la joven con determinación. En cuanto a la modalidad de pago siempre es en efectivo por diversas razones. El tema legal hace que sea complicado un proceso de bancarización en otros países (para trabajar por transferencia o crédito), y adicionalmente está la discreción para el cliente, quien obviamente no desea ver reflejado en su estado de cuenta un concepto que requiera demasiadas explicaciones en casa. Ritmo laboral Esta chica trabajadora se apega a las reglas de entrada y salida en los países que visita, nunca excediendo el tiempo de su estadía para así mantener las puertas abiertas, por eso su tiempo se distribuye en dos o tres meses de “viaje laboral” y uno o dos meses en casa. Todo depende de cómo le esté yendo, ya que lo más importante es que en el balance final los ingresos sean mayores que la inversión, o ya no sería rentable. “El ritmo de trabajo fluctúa. Hay semanas buenas. Donde yo estoy ahorita es lento pero hay más seguridad. Las chicas pueden atender unos cinco o seis clientes a la semana, pero en los clubes es impredecible y hay días en los que no haces nada, aunque he conocido amigas que tienen hasta 20 clientes a la semana”, indica Coral, con un tono de voz que vibra entre admiración y envidia. En este lucrativo oficio hay muchos factores que inciden en que una muchacha logre mayor o menor cantidad de clientes. Coral asegura que las preferencias del cliente determinan todo, aunque admite que hay ciertas jóvenes que por su atractivo físico o carisma captan mayor atención. “En resumen yo lo llamo suerte de puta”, concluye la chica de negocios. A pesar de que la mayoría de las marabinas que han incursionado en el mundo de la prostitución prefieren seguir el ejemplo de coral, en la ciudad aún persiste el negocio de los “escort” en clubes nocturnos de la avenida Dr. Portillo, pero eso ya es materia para un próximo reporte.     Redacción: Luis Ricardo Perez P. Fotografía: Cortesía “Coral”

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