Carlos Hernández Coll gana el “Tenedor de Oro” 2018

Quién ve a Carlos Hernández Coll por primera vez podría pensar que está loco, pero quien lo conoce bien sabe que lo está. Loco por la cocina. Ahora, el chef ejecutivo del Hotel InterContinental acaba de ganar el mayor reconocimiento de la Academia Venezolana de Gastronomía: el Tenedor de Oro 2018.

El “chez” se posiciona como el primer zuliano en obtener este galardón. El premio, que se anuncia cada noviembre, reconoce la calidad de quienes se esmeran en la gastronomía en el país.

Carlos Hernández tiene un reto: lleva las riendas de 14 restaurantes repartidos en dos hoteles: el InterContinental y el Crown Plaza Maruma. Esta responsabilidad la asumió hace poco más de un año, luego de llevar las riendas, durante cuatro años, de las cocinas del hotel Kristoff.

La pasión que siempre lo moviliza es el orgullo por los sabores del Zulia, que cocinó bien y durante seis años en el Grupo Occidental Gastronómico (GOG), en el que estaba junto a Wilmer Arias y Luis Coco Maggiolo.

Carlos Hernández: dos décadas de fogones y sabores

“Soy maracucho”, reafirma Carlos Hernández y asegura que sus 43 años los ha dedicado a aprender a serlo. “Vengo de una familia de arquitectos y diseñadores gráficos convertidos en cocineros y prestadores de servicio”, indica.

El “chez” también es licenciado en ciencias políticas. “Pero tengo 20 años cocinado, 13 de manera profesional y dos viviendo de esto (risas). Mi papá fue Ramiro Hernández Urdaneta, creador del concepto Granja Alegría  Club, así que tengo una relación muy cercana con servir”.

Sus memorias infantiles se centran en llegar a una cocina y tomar una escoba “porque era lo que me dejaban agarrar. Hasta cocinar, quemarme y explotarme”. Se profesionalizó en el Instituto Culinario de Caracas, junto a Sumito Estévez y Héctor Romero, quienes influyeron es su estilo culinario.

En Maracaibo hizo periplo por restaurantes como Gabana, Arándano, Comodoro, Stratos  y otros, hasta que recibió el llamado del hotel Kristoff. “No soy hotelero, soy cocinero, y la hotelería me quitó los pies de la tierra, porque vivo inmerso en una realidad que nunca para. Me encanta servir y mimar, y como no sé cómo hacerlo con palabras, lo hago con la comida”.

“Quiero ver que la ciudad está arrechísima”

La escasez lo pone a pensar, pero no es la falta de ingredientes, productos y tecnología, lo que le limita. “Lo que más me obstaculiza es la corrupción, la falta de moralidad, de ética y de sentido de pertenencia y responsabilidad, que hace que la situación esté como esta en el país. Este trabajo es costosísimo, porque el lujo es costoso, pero lo más costoso es el tiempo que invertimos: 24 horas al día”.

Su misión de vida está en la cocina y eso lo tiene muy claro. “Siento que tengo que hacerlo, que volvamos a ser como antes, cuando Maracaibo era brutal y la gente se mataba por venir”.

Desde que asumió los fogones del “Inter” se hizo una promesa. “Por los próximos años estaré impulsando a la ciudad a través de este músculo tan grande que es el Inter, se lo debo a la ciudad y a mis hijas. Toda las mañanas me levanto con el ímpetu de hacer lo mejor que puedo para que este país salga adelante, para un día poder voltearme y ver que la ciudad está arrechísima”.

El resto de los Tenedores de Oro

Este 2018, el Gran Tenedor de Oro lo mereció Destilería Carúpano, apostada en el Valle de Macarapana en Paria en la centenaria hacienda Altamira. Allí, cuatro generaciones de la familia Morrison apuestan por rones que son elaborados por la maestra ronera Carmen de Bastidas.

Con este destilado lograron un importante recorrido hacia propuestas de alta gama como Legendario, Carúpano XO y más recientemente su Zafra 1991. Un recorrido hacia propuestas cada vez más premium que empezaron en 1993 con su ron Solera Centenaria.

Además, el premio Armando Scannone es para el chef Federico Federico Tischler, quien desde Baltimore en Estados Unidos y con su sello propio se suma a la avanzada de las arepas en el mundo con su White Envelope Arepabar.

El libro Venezuela on the rocks! el más reciente del editor y periodista Miro Popic mereció el reconocimiento a la mejor publicación gastronómica. Allí, Popic descubre el anecdotario de las bebidas alcohólicas en el país desde tiempos precolombinos hasta la actualidad en un gustoso y bien documentado periplo.

Las cuatro menciones este año las merecieron el Instituto Culinario de Caracas (ICC) a cargo del chef Héctor Romero, Alimentos KQT en Mérida, Emerson Freitez de la Academia pastelera del mismo nombre apostada en Lara y Ercole D´ Addazzio del Restaurante Ercole en Puerto Ordaz.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Bistroscopio

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