Amílcar Boscán: “A veces me resulta inmoral celebrar cuando hay tanto prójimo en estado de calamidad”

Cuando Amílcar Boscán se convirtió en cantante de Guaco era casi un adolescente. Sus compañeros le llevaban 10 años de diferencia. Era el año 1980. Todavía era un chamo muy introvertido. “Yo veía a la agrupación de tan lejos, y de repente encontrarme en sus entrañas me llevó en los primeros meses a ser un joven inseguro en las entradas de las canciones”.

Le bastaron cinco meses para aplacar los nervios y cinco años para aventurarse en una carrera solista como salsero, su género musical favorito. En Colombia es reconocido por temas como Apariencias, Por qué, Respuesta y Los olores del amor, que grabó junto a Willie Colón.

“Yo recuerdo mis primeros meses con Guaco hasta el Poliedro de Caracas, con María la bollera, pero después colonizamos todo el país”.

—¿Qué lo motivó a separarse de Guaco?

—Me motivó a marcharme haber cubierto una exitosa etapa de cinco años donde pude adquirir experiencia de parte de un maravilloso grupo de trabajo con Gustavo Aguado, Ricardo Hernández, Frank Velásquez, entre otros, quienes conformábamos la parte delantera. Yo quería hacer la salsa clásica, sin instrumentos folkloristas, como la tambora. El género que yo hacía en Guaco, al margen de gaitas como Las Pulgas, Adiós, Miami y El Pavito, era muy parecido bailablemente a la salsa, conocido como las tamboreras. Con el ánimo de buscar la internacionalización y teniendo las puertas abiertas de las disqueras, decidí apartarme para hacer un estilo diferente. No hubo problemas de ninguna naturaleza.

—¿Y cómo fue su ingreso en la banda?

—Yo salí de la ducha de mi hogar al escenario profesional con Guaco habiendo hecho una pasantía amateur entre vecinos y amigos de la adolescencia, buscando aproximarme a la oportunidad que se me diera en ese grupo que cautivaba mi atención debido a que la parte salsera de Guaco (Qué barbaridad, Que nadie se mueva, La punta en pie) me cautivaba. Y en ese empeño juvenil conocí a un integrante de Guaco, llamado Jhonny Flores, que todavía continúa allí, quien me llevó a un ensayo con los Guaco para hacer una suplencia. Y yo condicioné dicha suplencia a que se me dejara por un supuesto compromiso que tenía en la misma fecha con la agrupación que yo había fundado. Y Alfonso Aguado, líder de Guaco, me dijo: “vente a hacernos la suplencia, que te quedas”.

—¿En qué se diferencia la escena musical de los años 80 de la de hoy?

—De un tiempo para acá, vivimos una época donde la música se consume, se tritura y se desecha. En el caso de los Guaco hay que rendirle reconocimiento a Gustavo Aguado, que ha sabido mantener generación tras generación a una juventud cautiva de su empresa musical. Quizás por el acierto de ajustar su música a los tiempos que discurren. Si bien es cierto que yo marqué en cinco años una etapa donde quedaron como clásicos de la Navidad, desde 1992 para acá a Gustavo Aguado le corresponde otro mérito que es el haber mantenido a Guaco vigente en públicos que van desde los 12 años hasta los adultos contemporáneos.

—Guaco no ha estado exento de la polarización política venezolana, y se les ha criticado por haber participado en un evento pagado, supuestamente, por Diosdado Cabello, ¿qué opina sobre ello?

—Creo que Gustavo Aguado y Guaco no pueden señalarse como miembros de un grupo de artistas que sí está plenamente identificado con lo que llaman “el proceso”. Cunde mucha desesperación, radicalismo, frustración en muchos de nuestros coterráneos como para colegir que los servicios que se le compraron a un tercero no identificado, con el evento que celebraba el aniversario de la fundación del pueblo El Furrial. En esa presentación, que me llegó por las redes sociales, no vi a Gustavo. Yo creo que Gustavo es el emblema, soy de los que cree que Guaco sin Gustavo es medio Guaco. Si me colocara como público común a analizar, el hecho de que Gustavo no estuvo allí es muy significativo, aunque no pueda yo dar la razón de su ausencia.

—Un cantante, que se debe a un público heterogéneo, ¿tiene que tener miramientos tan estrictos frente a quienes los contratan para un evento?

—Difícilmente en Venezuela se puede mantener hoy en día la neutralidad. La situación política ha sido tan polarizada que el artista no va a poder, como sucedía en el pasado, renunciar a una de sus inherencias como ser humano, que es la política. El hombre es político por esencia, a lo mejor no es partidista, pero todos llevamos un político adentro. Todos tenemos una simpatía hacia un partido equis que se ejerce a través del voto, anónimamente. Venezuela está en una marcha directa a la desaparición de la neutralidad. No se puede, porque está en juego el sagrado valor de la libertad. Yo sí estoy de acuerdo con aquellos artistas que manifiesten, en su derecho como ciudadanos, algo que es inalienable: que es manifestarse políticamente a través del voto y muchas veces públicamente. Por ejemplo, nadie recuerda que los Guaco en 1978 hicieron jingles políticos con la imagen de Piñerúa. Y no tuvo ningún costo político porque no había polarización. No se había establecido el odio como institución voraz para hacer política. Es un tema tan complejo, que siento que en Venezuela no hay lugar para el arte. Porque a veces me resulta inmoral celebrar cuando hay tanto prójimo en estado de calamidad.

—¿Habrá vida en Guaco después del retiro Gustavo Aguado?

—Eso no lo sabe nadie, pero si analizamos los precedentes, soy de los que piensa que la memoria histórica, musical y cultural del venezolano no existe. Cualquiera artista durará mientras logre mantener una vigencia con lo que ha sido su emblema en radio, en televisión. Yo creo que Gustavo ha venido renunciando inteligentemente al rol protagónico. Creo que ya Guaco trabaja bastante sin Gustavo, han sido 53 años sembrando para cosechar y ha sido inteligente en delegar a la generación de relevo la marca para que vayan haciéndola sin él. Creo que lo ha logrado en el 50 por ciento. Pero sí hay que tener mucho cuidado porque somos un pueblo que consume, tritura y desecha. Esa preocupación vendrá para quienes queden a cargo.

—¿Cómo le gustaría que lo recuerden?

—Yo vengo siendo recordado por esas canciones que todos los años se repiten sin distingo de fecha, por esas que me tocó grabar. En mi ego no existen aspiraciones que vayan más allá de lo que la dinámica social y cultural del venezolano exija. Pero por ejemplo, en Colombia, se me asigna una calificación de maestría en cuanto a la música que ellos de mí conocen, que es la salsa. Pero yo no tengo ambiciones en dicho sentido en mi país, vivo conforme a lo que el Señor designó para mí, mis virtudes, mis errores. Pero sí me gusta ser percibido como un hombre serio, que no se tranzó con las modas ni los intereses circunstanciales dentro de la música.

 

Redacción: José Flores

Fotografía: Cortesía Amílcar Boscán

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