Alimentación viva: comer hongos, bacterias y levaduras para estar sano

Comer vida es posible. Existe una propuesta filosófica y nutricional que sugiere el consumo de organismos vivos para obtener beneficios orgánicos que tiene que ver con la digestión, la producción de enzimas y la regeneración de la flora intestinal, entre otras cosas.

Alimentarse es un principio básico para conservar la existencia. A través de la alimentación se nutre el organismo, pero también las emociones y la espiritualidad, que se afectan por la energía que emana la comida.

La alimentación viva tiene que ver con el hinduismo y su concepción del universo, que, según postula, está compuesto por tres cualidades o gunas: Satva, que representa la iluminación, el equilibrio y la pureza; Rayas, que significa la pasión activa, la energía y el movimiento; y Tamas, que simboliza lo oscuro, lo denso y estancado.

Estas gunas operan a todo nivel y situación, presentándose personas, situaciones y hasta alimentos puros, energéticos o densos. Esta filosofía hindú inspiró a Fabiola De Salvo, Adalgisa Camero y Mariana Gómez, a diseminar este antiguo estilo de sustento en la Maracaibo de hoy.

La idea es consumir alimentos sátvicos, puros, equilibrantes, iluminadores, que están representados por las frutas y verduras frescas que se consumen crudas, semillas, cereales, germinados y fermentados.

Fabiola comenta que al principio el cambio de sabores y texturas puede resultar un “choque” para el iniciado, pero poco a poco se descubre un mundo de riqueza organoléptica y sensorial que penetra por los cinco sentidos. Es una nueva manera de ver y percibir la comida.

“Para quien elige cambiar su tipo de alimentación, esto es un reaprendizaje, un cambio de creencias y una readaptación que pasa a través de las cosas que hacemos porque así las aprendimos y así las hemos hecho durante años”.

Crudo es mejor

La alimentación que proponen las culturas milenarias y que se refresca a través del abordaje de estas tres marabinas, consiste en primera instancia en ingerir todo lo que se pueda comer crudo: frutas, verduras, legumbres, semillas y cereales.

Los jugos son mezclas de frutas y verduras que se sirven sin colar y con muy poca o nada de azúcar. Por ejemplo el batido de piña, pepino y apio españa (celery), con unas hojas de hierbabuena.

Esta bebida se recomienda como el primer alimento de la mañana. Luego, unos 20 minutos después, se puede ingerir una ensalada de cambur, fresa, lechosa, semillas de chía, avena y limón.

En las ensaladas de vegetales resalta lo verde y crocante, pero también las zanahorias y los brotes de leguminosas, como lentejas, frijoles y caraotas. Algunas verduras se pasan por un proceso de blanqueo (sumergirlas en agua caliente) pero nunca se hierven.

Las pocas cosas que se cocinan, como el arroz, se deja al dente y se cuece con vainitas, brócoli y otros vegetales. La idea es que los alimentos conserven la mayor parte de sus nutrientes que, inevitablemente se pierden al ser cocinados.

Saludable y rendidor

Los germinados de leguminosas, cereales y granos conforman una de las columnas que sostiene la alimentación sátvica. Son alimentos vivos que incorporan energía vital a las células del cuerpo, porque su valor nutricional se mantiene hasta que se ingiere.

Su riqueza en enzimas, clorofila, aminoácidos, minerales, vitaminas y oligoelementos vivos los convierte en comestibles completos que contribuyen a corregir las carencias de la alimentación moderna.

Al germinar semillas -de cereales o leguminosas- se convierten en un alimento fácilmente asimilable porque liberan todos los nutrientes encapsulados y mejoran el valor nutricional de la propia semilla, de la planta o del fruto a la que hubiera dado lugar.

Los brotes son un alimento predigerido, que ayuda a su propia digestión. Resultan adecuados para estómagos delicados y permiten al organismo que descanse y se regenere.

Los germinados se pueden cultivar y conservar fácilmente en casa, son económicos y brindan la seguridad de consumir un producto no adulterado ni rociado con químicos.

El brote entero puede comerse, incluyendo las raíces y hojas. Son sencillos de preparar y se comen crudos en ensaladas, salteados, en tortillas o como parte de diversos platos cocinados, en estos se recomienda añadirlos al final para que no pierdan sus propiedades.

Como hacerlo en casa

Para germinar una semilla solo hace falta ponerla en contacto con agua, calor y oxígeno. Con estos tres elementos, las enzimas llamadas diastasas se activan y pasan por diferentes transformaciones.

Mediante la absorción de agua la semilla duplica su volumen y se rompe la cáscara protectora. Las enzimas se activan, las proteínas complejas se transforman en aminoácidos simples, algunos de los cuales son imprescindibles para el ser humano.

El contenido proteico de la semilla queda presente en el germinado, de forma fácilmente asimilable. El almidón se reduce a maltosa y dextrina, azúcares más simples que exigen menos esfuerzo al aparato digestivo, liberan energía más rápido y producen un efecto estimulante. Se sintetizan abundantes vitaminas y fermentos.•

Las vitaminas C y E y los minerales calcio, fósforo, hierro, potasio y magnesio se multiplican. Las grasas se transforman en ácidos grasos. Se forma la clorofila, estructuralmente muy similar a la hemoglobina, como ella, lleva oxígeno a las células y es un buen agente desintoxicante y regenerador del organismo.•

Los ácidos y las toxinas que de forma natural acompañan a la semilla para su defensa se descomponen. El volumen y el contenido de agua pasa de ser de un 5 % en la semilla a un 70 % en el germinado.

Para sacarle el mayor provecho a los germinados se procesa el Rejuvelac, un agua probiótica y enzimática. Es una bebida fermentada que se prepara a partir del remojo de granos germinados. También se le llama agua enzimática, debido a que las enzimas de los brotes pasan al agua.

Este líquido es vitalizante y benéfico para la digestión y la salud del páncreas. Además contiene vitamina E, que favorece la salud del hígado y probióticos, imprescindibles para repoblar y reforzar la flora intestinal.

Bacterias y levaduras

Los fermentados representan las estrellas de la cocina viva. Las bebidas se preparan con bacteria y levaduras vivas, que se alimentan con azúcar y producen probióticos que equilibran las funciones intestinales del organismo.

Beber levaduras y bacterias vivas permite el paso a microorganismos que reestablecen la flora bacteriana del intestino, órgano donde se procesan y absorben las vitaminas y nutrientes de los alimentos.

El kéfir es un fermentado probiótico que combina una familia de bacterias cuyo metabolismo es beneficioso para el organismo. Estudios señalan que el kéfir estimula el sistema inmunológico y es de gran ayuda como coadyuvante en el tratamiento de enfermedades de la piel, alergias y asma.

Los gránulos de kéfir de agua no se venden, ya que su proliferación es tan abundante que quienes lo poseen pueden regalarlos. Basta con colocarlos en un envase de vidrio, cubrirlos con agua mineral en la que se ha disuelto panela, tapar la boca del jarro con un trozo de tela porosa y colocarlos en un lugar tibio y oscuro.

En el transcurso de tres o cuatro días, los gránulos del kéfir se habrán multiplicado y el resultado de la fermentación será una bebida gaseosa y refrescante. Conviene colarla con cuidado, envasarla y colocarla en la nevera. Los gránulos se regresan al frasco, se les coloca más agua y panela y el ciclo inicia de nuevo.

La Kombucha es otra bebida fermentada naturalmente de sabor ácido y refrescante, muy valorada por sus beneficios probióticos. Se prepara con una base de te endulzado, que se fermenta gracias a una colonia de hongos y bacterias conocida como Scoby, acrónimo de Symbiotic Culture of Bacteria and Yeast, o cultivo simbiótico de bacterias y levaduras.

Contiene vitaminas B que ayudan a las funciones metabólicas del cuerpo como: el nivel de energía, salud cardíaca, utilización de carbohidratos, entre otras. Niveles apropiados de vitamina B en el cuerpo ayudan a reducir el estrés, ansiedad y mejorar la memoria.

La kombucha también aporta enzimas digestivas que permiten desintegrar la comida en moléculas más pequeñas para que los nutrientes puedan ser absorbidos con mayor facilidad por el cuerpo.

Otro tipo de fermentados son el Chucrut y el Kvass, que se preparan con repollo y remolacha macerada en sal y fermentada durante varios días o semanas. El resultado es una alimento crocante, suculento, “cocinado” en sus propios jugos.

La alimentación viva no es un concepto nuevo, es una tradición milenaria que solicita protagonismo, sobre todo en el contexto actual, cuando se requiere comer vida, ingerir salud, nutrir el cuerpo y el espíritu, para despertar y rescatar al ser humano ecológico y natural que llevamos dentro.

Contactos

@fabioladesalvo

@mayabio.mcbo

@adalgisa_camero

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografías: Cortesía

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